12.04.2004

 

 
: Vea
Cómo llegué a campeón mundial: A. Alekhine

 

REVISTA COLOMBIANA NO. 7 - 2004
Licencia Mingobierno
No.3676

Director
Juan E. Mila León

Representantes en el exterior
Amalia Guerra - Panamá
Natalia Ordoñez - USA
Alvaro Valbuena - Francia
Yukitaka Ozaki - Japón

Contenido
Ajedrez Internacional ….......... 2
Panorama Nacional ……….. 6
Torneo de Nueva York 1927 ……… 9
Como llegué a Campeón: Alekhine .. 20
Reglas FIDE. Continuación ……… 25
Curso de Bridge ……… 29
Boggle ……… 33
Crucigramas ……… 33
II Lección de Go ……… 35
Manchado Bicampeón: Scrabble …. 48
Colaboradores
Boris de Greiff
Oscar Castro
Dario Aldana
Enrique Ramírez
Fernando Aguilar
Jaime Ramírez
Fernando Estrella

Suscripciones
Precio del ejemplar
Valor anual $ 10.000.oo
Publicación trimestral $ 3.000.oo
Pedidos
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Teléfono 2288186
E-mail: milalejuan@yahoo.com


06.04.2004.
(Bogota) Por Juan Mila León
En el No. 7 de la revista Juegos Intelectuales, en el que también se da información y artículos propios interesantes sobre otros juegos como el Go, Bridge, y Scrable, en el tema del ajedrez hemospublicado un artículo muy didáctico hecho por el extraordinario excampeón del mundo Alexander Alekhine (Alexander Aliojin para los puristas del idioma ruso) como prólogo de su libro "Como llegué a Campeón mundial" el cual no fué incluído en la edición en español que circula en Colombia. Ahora, gracias a la colaboración del M. I. Oscar Castro y del Dr. Darío Aldana, los lectores hispanos pueden disfrutar de su contenido

COMO LLEGUE A CAMPEON MUNDIAL: ALEXANDER ALEKHINE
(Campeón del mundo 1927-45. Nacido en Rusia (31.10.1892) y nacionalidad Francesa)

PROLOGO DE LA EDICION, EN FRANCES (1936), DE
"MIS MEJORES PARTIDAS DE AJEDREZ"

Traducción:Abogado Dario Aldana
Revisión Técnica: M. I. Oscar Castro

Las 200 partidas que siguen pueden dar una idea bastante exacta de lo que fue en términos generales el desarrollo gradual de un jugador dotado algo por encima del del nivel medio, en el primer cuarto de nuestro siglo. En efecto, mis primeros pasos como jugador fueron, así lo presumo, algo similares a aquellos de cualquier otro muchacho que haya aprendido el ajedrez por casualidad y no lo considere después de todo, si no como un juego: partidas de ocasión con compañeros de escuela, y después, a título de curiosidad, análisis de partidas halladas en los pocos círculos ajedrecísticos de la época; en seguida la participación en uno y luego en varios torneos de ajedrez por correspondencia, organizados por una revista local. En fin a los 14 o 15 años, contacto directo con los aficionados del club; algún éxito y, como consecuencia, un estudio mas profundo del juego que, poco a poco, adquiere los atributos y conlleva las exigencias de un arte.

MI INICIACIÓN, EN EPOCA DE MARASMO AJEDRECISTICO

Los primeros años del siglo - aquellos de mi iniciación - estuvieron marcados por una especie de sordo descontento del aficionado promedio, y esa inconformidad no estaba exenta de fundamento. En efecto, los encuentros entre los mejores jugadores de aquél periodo no transmitían al gran público la satisfacción deportiva que este tenía derecho a esperar. La mayoría de los maestros jugaban sin vivacidad, sin espíritu creativo, y la razón era bastante simple. Los Pillsbury, Maroczy, Tarrasch, Janovsky, Marshall y todos los demás, después de brillantes éxitos del campeón mundial Lasker en 1899 y 1900, se sentían, quisiéranlo o no, incapaces de situarse a la cabeza y de aspirar al máximo cetro. De donde una cierta falta de ambición deportiva (¿Para quién buena?) y de curiosidad científica, un reducido repertorio de aperturas exento de fantasía … en suma, una época de marasmo, caracterizada por los éxitos parciales de un Mieses, debidos a que cultivaba el gambito danés, tan solo contrario a la psicología de la época y casi olvidado por todo el mundo. Mieses fue, sin exageración, durante algunos años, el héroe, si no de torneos, en todo caso de la prensa ajedrecística que, en cierta medida reflejaba la opinión popular. Esa misma prensa, por tratar de estimular las ideas creativas, hizo un gran esfuerzo de propaganda a fin de resucitar los gambitos. Muchos torneos de planteo obligado fueron organizados al efecto y en los que las partidas no resultaron mejores ni peores que las jugadas en certámenes ordinarios; puesto que no eran las aperturas donde estaba la falla sino los jugadores.

TCHIGORIN Y LA EPOCA DE LOS GAMBITOS

En Rusia como ocurrió, además en todas partes, los gambitos, alrededor del periodo 1903 - 1912, recobraron su auge. La personalidad del gran conocedor del sacrificio en la apertura: Tchigorin hizo mucho por eso, pero igualmente el deseo de reaccionar contra el método mas bien tedioso con que los maestros trataban las aperturas por entonces de moda: el Ruy López y el gambito de la dama. Por consiguiente, no es de extrañar que mi aprendizaje, tal como el de muchos otros, tuviera lugar bajo del signo del gambito del rey y gambito Evans. En mi concepto, aquello no fue mejor ni peor que una escogencia distinta de planteos, que igualmente me hubieran incitado un cierto número de variantes forzadas, y de tratar de aplicarlas a fin de obtener una posición mas o menos jugable. Fue así como comencé a "navegar" es decir, a efectuar jugadas basadas únicamente sobre posibilidades tácticas.

Para este ejercicio, los gambitos ofrecían una cierta ventaja, aquella de la precisión en el objetivo a seguir: el jugador en inferioridad de material debe atacar al rey contrario, sin lo cual se halla perdido. Por el contrario, la desventaja para las negras, radica en el hecho de que los gambitos conducen muy a menudo a posiciones complicadas, con una embrollada configuración de peones y casi todas las piezas sobre el tablero. Las posiciones que se producen después de e4 - e5 son generalmente sencillas, por cuanto la mayor parte de ellas, los peones del centro y 1 o 2 piezas menores son cambiados en la primera docena de jugadas. (Pienso en la Escocesa, la de los tres o cuatro caballos, la Vienesa, el Giucco Piano y en algunas variantes del Ruy López).

Esa fue la razón por la cual, después de haber comenzado por los gambitos, me decidí por los denominados juegos abiertos, mas no porque los de peón dama me parecieran tediosos, sino sencillamente porque me faltaba la experiencia para dominar su complejidad.

JUGABA 1.e2-e4

Al resolver así, parcialmente al menos, el problema de las blancas (Yo jugaba e2-e4 y "esperaba" respondiera e7-e5), fue demorado, bien demorado, el encontrar una, mas o menos conveniente, línea de juego con negras, para en el caso de que mis adversarios adoptaran una línea diferente a 1. e2-e4. En efecto, en el torneo de San Petersburgo de 1909, en el que adquirí el título de maestro, y en el que aún no tenía la fuerza del resto de competidores, a pesar del hecho de que con las negras no solamente adopté defensas irregulares (lo que no es en si ninguna desgracia), sino absolutamente antiposicionales que conducían después de una pocas jugadas a posiciones estratégicamente perdidas. El hecho de que generalmente me diera trazas de salir de semejantes situaciones, se explica únicamente por la superioridad de mi disposición táctica, un logro que me fue muy útil durante la primera mitad de mi carrera.

Mi gran oportunidad en 1909 fue la de que habiendo obtenido oficialmente el título de maestro, sin que lo mereciera todavía por mi juego, había adquirido para ese entonces los suficientes conocimientos generales y visto un buen número de partidas de otros maestros, para darme cuenta de mi inferioridad manifiesta respecto de las confrontaciones entre ellos. El análisis consecuente de mis partidas, aún de aquellas que tenía por las mejores, me demostró que sufría de un defecto común, como más tarde pude apercibirme de ello, a casi todos los jugadores jóvenes. En numerosos casos, después de haber obtenido una ventaja posicional o material, no sabía qué hacer, cómo debía continuar la partida. Un jugador así no es realmente un maestro, cualquiera que fuesen sus capacidades naturales. En efecto, si algunas veces resulta perdonable el no encontrar cómo - desde el punto vista táctico - el aprovechar la ventaja adquirida, siempre se debe estar en condiciones de crear un plan estratégico.

1909 A 1912 EPOCA DE ESTUDIO DE LOS DEMAS MAESTROS

Los años de 1909 a 1912 fueron para mi un periodo de aprendizaje ininterrumpido; mas contrariamente a los métodos de otros jugadores, (por ejemplo de Nimzowitch desde su propio punto de vista), me atenía, mas que a las partidas de los demás, a las mías propias. Después de haber terminado una partida seria, trataba de reproducir mentalmente todo aquello que había pensado durante aquel juego; sobre todo las ideas ajedrecísticas (análisis de jugadas posibles, formación del plan, etc.); mas también todos los otros pensamientos que desfilaron por mi mente durante el combate.
En seguida, trataba de darme cuenta de esto: 1º. ¿Cuál fue, particularmente, el error de cálculo o de concepción general que fue esencialmente la causa de un resultado poco satisfactorio? (si ese hubiera sido el caso); Si gané la partida, ¿Cuáles fueron las razones del triunfo?: la calida de mi juego o bien las fallas mas o menos evidentes de mi adversario?.

Para mi desencanto, rápidamente me di cuenta de que en la gran mayoría de los casos, fui ayudado por mis contendores, y puesto que los cálculos tácticos eran a menudo los mas exactos en esta época), mi concepción dejaba aun mucho que desear.

EN QUE PENSAR DURANTE UNA PARTIDA DE AJEDREZ?

Hecha esta verificación, me encontré ante el problema siguiente: ¿En que se debe pensar (o mejor ¿en que debo pensar? puesto que en ese tiempo yo no tenía la pretensión de formular una regla general) durante una partida de ajedrez?.

La solución de ese problema me valió ante todo la maestría: Adquirí la fuerza de un maestro internacional hacia 1912, el título mundial mas tarde (1927) y en fin, la satisfacción de haber sido realmente el mejor jugador del mundo durante algunos años después de la conquista de ese galardón.

El primer paso hacia la maestría fue la constatación de que la división acostumbrada de la lucha ajedrecística en tres partes (apertura, medio juego y final) es, por lo menos que pueda decirse, arbitraria. De todos modos en mis comentarios aun me sirvo de la antigua terminología con el fin de no enredar al lector. De hecho no existen mas que dos fases en la partida de ajedrez en tanto que lucha y al mismo tiempo, producción artística. La primera, aquella en que los dos adversarios, no habiendo tenido en perspectiva mas que un objetivo de orden general: "el mantenimiento del equilibrio en el centro", se dedican a obtener de sus fuerzas el mejor rendimiento posible en la pugna que va a seguir. La segunda fase comienza a partir de la aparición del primer plan concreto propio de la partida en cuestión. Y digo primer plan puesto que es muy raro que un solo plan sea suficiente para llevar a buen término una partida y que, de otra parte, el jugador depende siempre, en cierta medida, de su adversario, que lo mismo por sus errores, puede obligarlo a cambiar de plan.

Estas dos fases de la lucha ajedrecística son fáciles de distinguir gracias a los diferentes métodos de reflexión que ellas implican. En efecto, durante la primera fase que yo llamaré "preparatoria", cada jugada que contribuya, directa o indirectamente al mantenimiento del equilibrio en el centro, debe entrar en consideración, en tanto que cada jugada extraña a ese objetivo, debe ser rechazada de antemano.

Durante la segunda fase o "de ejecución" que puede comenzar, pongamos por caso, de un error mas o menos elemental del rival, inmediatamente después de los primeros movimientos, únicamente aquellos que contribuyan a la ejecución del plan son buenos; en consecuencia, todas las consideraciones generales que dirigían nuestros pensamientos en la primera fase (desarrollo de las piezas, lucha por el centro, etc.) deben ser completamente olvidados.

EN LO QUE SUELO PENSAR DURANTE LA PRIMERA FASE DEL JUEGO

Hablando de una manera menos abstracta, he aquí algunos problemas en los que suelo pensar durante la primera fase del juego:

1º. PEONES. - No efectuar ninguna jugada de peón que no resulte absolutamente necesaria en la ejecución del plan de lucha por el centro, dictada por la posición.
2º. CABALLOS. - La posición del caballo es la de mas fácil definición en la primera fase: lo único que se requiere es que no pueda ser atacada eficazmente por un peón adversario. Su mejor posición será la mas próxima al centro.

3º. LOS ALFILES. - Soy decididamente partidario del desarrollo de los alfiles por el fianchetto - si la estructura general de peones lo permite - y esto por dos razones muy simples : 1º. Los alfiles en el fianchetto disponen de un campo de acción algo mas extenso que si son ubicados (como sucede, por ejemplo, en planteos derivados de 1. e4 - e5) sobre la cuarta horizontal ; 2ª. la que es mas importante, están menos expuestos a los cambios, al menos en esta fase del juego. Y la ventaja que ofrece la acción conjunta de los dos alfiles durante la fase de ejecución es en la actualidad únanimemente reconocida.

4º. LA DAMA. - Encontrar una buena casilla para la dama durante la primera fase del juego constituye un problema esencial al que no se le ha prestado, a mi modo de ver, la suficiente atención. Una buena casilla es aquella donde la dama ejerza un máximo de acción, directa o indirectamente sobre el centro y donde ella esté lo menos expuesta. Su casilla inicial puede perfectamente corresponder a esas dos condiciones, sin embargo, tiene por el contrario, la desventaja que desde allí obstruye la comunicación de las torres.

5º. EL REY. - La cuestión del rey es generalmente resuelta por el enroque opuesto que, salvo las raras excepciones en las que la lucha por el centro cae rápidamente en un punto muerto (bloqueo recíproco) y en las que el rey puede permanecer en el centro del tablero sin peligro para él mismo y sin embarazar la acción de las demás piezas, especialmente las torres, debe ser retirado lo mas rápidamente posible hacia una de las alas. Y esto no esencialmente para esconderlo (según la concepción algo simple de antaño), sino a fin de facilitar el juego de conjunto de las otras piezas en su lucha por las casillas centrales, y sobre todo de facilitar la cooperación de las torres. Esta última consideración es de extrema importancia.

6º. LAS TORRES. - En principio las torres deben estar sobre la primera línea, en contacto directo. Un caballo o un alfil no deben ubicarse entre ellas mas que en casos excepcionales y por una corta duración. En general, las torres deben colocarse en las columnas abiertas. Sin embargo, la excepción (por lo demás rara), se presenta cuando la columna abierta esta suficientemente protegida por las otras piezas y al mismo tiempo, en cuanto a que el cambio de una o dos torres sea ventajoso para el adversario. En este caso es necesario contentarse temporalmente con una columna semiabierta , para procurar una mejor la posición de las torres cuando los cambios no sean de temer.

LA FASE DE LA EJECUCION

Examinemos ahora la fase de ejecución que comienza desde la aparición del primer plan y se termina cuando se llega a un final susceptible de ser analizado hasta el mate (por ejemplo la torre o bien alfil y caballo contra rey). Dos ideas dominan los planes sucesivos de esta fase: 1ª. "la idea de ganar espacio" (la idea de ganancia de material no es mas que uno de los medios de conseguir el objetivo del jugador), es en este caso, el de llegar a un final elemental, analizable casi hasta el mate; 2ª. "la idea de mate", ante la cual deben sacrificarse todas las consideraciones precedentes: el centro, la ganancia de tiempo, de espacio o material; todas esas nociones se borran automáticamente ante la perspectiva de un mate mas o menos próximo. Esto es elemental y yo no insistiría sobre este punto si no hubiera observado en ciertos jugadores una tendencia a identificar el mate a aquella de ataque contra el rey. Esto último, o bien un ataque contra otra pieza, puede o no ser mas que un medio para obtener una ganancia de material o de espacio. Esta diferencia entre las dos ideas es de una importancia primordial, puesto que en la prosecución del mate, se puede (y se debe) sacrificarlo todo, en tanto que no teniendo en la mira al rey adversario mas que como un objetivo provisionalmente indirecto, no debe permitirse mas que los sacrificios que efectuados para una ganancia de espacio, tiempo o material puedan ser compensados.

Tomando en cuenta las ideas mencionadas, he aquí las preguntas que me hago durante la fase de ejecución: ¿1º. Tengo el derecho a pensar en el mate?. Una respuesta positiva a este interrogante es mas bien rara, puesto que ese derecho no suele otorgarse mas que por un error del contrincante. 2º. Tras la idea de la ganancia de espacio, ¿que material (peones, piezas), debo de preferencia conservar? ¿Qué piezas del adversario son las mas perjudiciales para la ejecución de mi plan? ¿cómo estas piezas (o peones) pueden ser eliminadas (cambiadas) en el momento oportuno?

LA TECNICA DE LA SIMPLIFICACION

Quisiera insistir sobre el hecho de que el arte de cambiar las piezas, la "técnica de la simplificación" de la que no hace mucho tiempo se hablaba con una condescendencia algo despectiva, cuenta no poco con la maestría en ajedrez. Sin ella las mas brillantes concepciones estratégicas se verían avocadas al fracaso.

Ya avanzada la fase de la ejecución, donde la posibilidad de promoción de los peones comienza a jugar un rol preponderante, los problemas a resolver son los siguientes:
1º. Aparte de los casos excepcionales en los que la participación del rey no es necesaria para la promoción, dos posibilidades se presentan generalmente: o el rey debe ser llevado lo mas pronto al centro, desde donde ejerce una acción indirecta sobre ambos flancos; o bien debe dirigirse de inmediato hacía el peón candidato a la promoción, a fin de apoyar su marcha. El mismo razonamiento entra en juego para el bando defensor contra el peón pasado. El jugador debe reflexionar y decidir sobre cual de las dos ubicaciones resulta conveniente en cada caso concreto.

2º. En cuanto a la actividad de las otras piezas ello depende esencialmente del carácter de la posición: el jugador, con ventaja material o posicional, debe tratar de reforzar gradualmente la presión y, sobre todo, no permitir al adversario posibilidades de contraataque. Este último, por el contrario y sobre todo en luchas de dama contra dama, torre contra torre, caballo contra caballo, debe a cualquier precio evitar una defensa puramente pasiva aún recurriendo a sacrificar material que, en la mayor parte de los casos, constituye la única posibilidad de salvación.

CONCLUSIONES

Conclusión: en las situaciones donde la promoción de peones constituyen esencial preocupación de los jugadores se trata menos de pensar que es necesario hacer (lo que es casi siempre mas o menos evidente) y si mas bien en cómo hacerlo. Para tener éxito en esta clase de finales hace falta, sobre todo, ser buen táctico
Al enumerar un cierto número de cuestiones en las que me he habituado a reflexionar durante un encuentro de importancia, me he propuesto como objetivo el dar al lector una idea acerca de una mínima porción del trabajo mental ejecutado por un maestro durante la partida.

Analizar y definir este trabajo en todo su conjunto sería tarea demasiado pesada, pero ciertamente generosa. De todos modos, pienso que en un encuesta entre los maestros de hoy en día relativa a su método de pensar durante la contienda, sería muy instructiva y podría arrojar resultados de conjunto, tan importantes como desatendidos.

Septiembre de l936. Alexander Alekhine

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